
"Papá, pásame el polen, está ahí en el armario", me dijo el nano de 9 años. "Ese no es", me dijo al entregarle el tarro". "Sí que es", le respondí yo", "que no, no es ese", pero yo insistía, "¿no ves que sí?", le dije insistente. "No" me repitó.
En el tarro, transparente, se leía la etiqueta que decía "polen". A él le encanta desayunar un tazón de leche con cereales junto con este producto de las flores. Pero él no miraba la etiqueta, sino el interior que era, por cierto, perfectamente visible.
"No lo ves", me dijo al final. "El tarro del polen es ese otro". Y tenía razón.... Tambien era un envase transparente donde también se leia la palabra en su pegatina adosada....
Me quedé pensativo,...una vez más estaba mirando sin ver. No me fijé adecuadamente, delante de mí estaban las dos opciones, y, de hecho, el interior se podía apreciar con claridad, pero yo no lo supe distinguir. ¿Era difícil el haberlo hecho? .... a veces lo que es difícil es ver, contemplar, observar y encontrar. ¿Cuantas oportunidades, momentos únicos, decisiones importantes, risas pasajeras, frases inolvidables, compañías enriquecedoras...han estado delante de mí y no las he podido "ver"?
A veces la mirada infantil es más directa. A veces nuestra razón adulta estropea muchas cosas. Pero siempre vale más la pena "ver" que "mirar".
Y tú, ¿ves?
Antonio,
ResponderSuprimirParece ser que la vista es el primer sentido que perdemos.
Así que ahora me pregunto, ¿qué veía yo cuando era peque?, y ahí estoy.
un abrazo, M.
Suerte en tus respuestas recordando lo que veias. Por lo que "veo" a través de lo que escribes, tengo la sensación de que eres una de esas personas que no ha perdido ese sentido, porque además nos ayudas a ver a través de ti.
ResponderSuprimirMil gracias.
¡Qué razón tienes! Y cuántas veces miramos y no vemos, oimos y no escuchamos... Bonita reflexión.
ResponderSuprimir