miércoles 23 de diciembre de 2009


Miraba con ojos ávidos como si todo le sorprendiera y le atrajera. A cada saludo que te daba manifestaba una alegría desbordante que de forma inconsciente le hacía ser muy atractivo y reclamado por todos. Era una persona que emanaba fuerza y a la que todos recurríamos porque sabíamos que siempre habría una intención clara, directa y rápida de respuesta.

No recuerdo la última vez que le escuche decir la palabra “problema”, mientras que llenos de la palabra “retos” se encontraban sus discursos cotidianos.

Incansable siempre, había una especie de fuerza interior que le empujaba, que le alentaba a él y a los que se encontraban a su alrededor, a pesar de dirigir una empresa en proceso concursal y con un cierto nivel de deudas derivadas de impagos continuos.

Con cara de niño sonreía a pesar de sus cincuenta años ya cumplidos, con pasión transmitía todo lo que haciía, con intensidad vivía desde el saludo a la chica de recepción, como el comentario de lo bueno que estaba un café, como el acierto por la lectura de un libro increíble o la alabanza a un comercial por haber cerrado una buena venta.

Nadie le abandonó en ese difícil camino de la incertidumbre por el futuro de la empresa, todos hicimos piña de forma voluntaria, todos apostamos por una forma de entender que el sentido de todo emana desde el interior y que no son las circunstancias externas las que dan sentido a tu entender, a tu ser.

La empresa acaba de salir de ese proceso concursal, la empresa empieza a remontar, la ilusión por trabajar junto a esta persona nos empuja a ir cada mañana, nada queda al azar, todo tiene una dirección a la que nos unimos.

Aquella mañana de Diciembre, fría donde las hubiera, le pregunté de donde sacaba esa fuente inagotable de vida. Él, por supuesto con su gran sonrisa, mirándome a los ojos sin parpadear, me dijo: “Hace tiempo decidí vender experiencia y comprar perplejidad. Esa experiencia me llevaba por donde ya conocía y me limitaba el día a día. Esa perplejidad me demuestra que todo lo que ocurre a tu alrededor tiene un porqué y un para qué, que nada es casual y que ese presente lo hacemos nosotros. Haciendo ese presente, orientamos nuestro futuro. Vende inteligencia, compra perplejidad, querido amigo”.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Intensidad, por favor


Le acababa de decir que apagara la tele para hacer los deberes. Sin mirarme me respondió, “cuando acabe esto” refiriéndose a los dibujos que estaba viendo en clan tv.“¡Eso nunca termina!” le respondí enojado, a lo cual, muy tranquilo a pesar de sus ocho años, me dijo “Papá, todo termina”.


Le sonreí y le dejé terminar. ¿Por qué le sonreí? Porque me recordó un montón de frases que comento en mil situaciones y que, como siempre, olvido transmitir a los más cercanos.


Me recordó la película de Benjamin Button, en la que la frase que más me impactó fue la de “nada es para siempre”. Pero no se limitó a esto. Me vino a la mente la que me dijo una persona muy especial hace dos años que rezaba “no importa las veces que respires sino las que te quedes sin aliento”. O la que un gran amigo me aportó en otra ocasión, “no importa los minutos que tenga tu vida, sino la vida que tengan esos minutos”.


Siempre recordaré a una persona que salió de mi vida hace muchos años, que cada vez que rechazábamos la opción de una celebración o acometer un nuevo reto, decía, de forma muy gráfica “hazlo ahora que un día se te obstruye la aorta y te quedas tonto” mientras se señalaba el cuello con el dedo índice mirando al cielo.


Y me pregunto, ¿porqué tratamos en la vida todo lo importante como su fuera a durar eternamente? ¿Y por qué, en cambio, le damos ese tratamiento a cosas banales como la comida o la compra de una prenda de vestir? Y más aún, ¿porqué tantas empresas actúan así? Van con el viento, donde les lleva la marea, pensando que ya se solucionará.


“Papá todo termina”, suenan como eco esas palabras en mi mente. ¡Qué ciertas son! Pero, a la vez, no olvidemos que nosotros podemos poner fin a lo que no nos gusta y convertir en intenso lo que nos aporta…. Tantas personas han hablado en estos términos de la crisis, pero ¿qué hemos hecho para superarla?


“No puedes hacer tu vida más larga, pero sí más ancha”……me repito desde que oí esto en un curso al que asistía como alumno y que utilizo como brindis en ocasiones especiales.


Creo que preferimos la seguridad del resultado a la incertidumbre del futuro desconocido, tememos a la muerte y, en vez de vivir intensamente, alargamos el sentimiento, tememos la desaparición y no a que la vida desaparezca mientras respiramos.


Dijo un gran empresario que para él cada día era una vida de 17 horas y desde entonces me invité a mi mismo a ver la mía de esa manera…. te confieso que no siempre lo consigo, que no me resulta fácil, pero ¿quién dijo que lo fuera? Vive inténsamente!!

domingo 29 de noviembre de 2009

Creo que soy uno de esos


“¿Y por qué te he de contratar?” Preguntó Don Arturo intentando deducir en la fase final del proceso de selección si este candidato encajaba en su empresa como ese ejecutor que necesitaba desde hacía tanto tiempo.

“Porque creo en el trabajo bien hecho.
Creo en que el equipo marca la diferencia.
No creo en los que se aferran a horarios sino a resultados.
Creo en poder opinar y dar mi visión.
Creo en que tanto el empleador como el empleado van de la mano y se necesitan.
Creo en que el trabajo no debe ser una carga sino algo más que aporta en la vida y que permite desarrollar esa propia vida.
Creo en poder dedicarme a mi familia para poder ser un mejor profesional.
Creo en la mejora constante y en la formación como parte de ella.
Creo en el valor de acometer retos y no en la cobardía de la esperar a ver como se mueve la competencia.
Creo en darlo todo. ¿Y qué es todo? Mi talento. Ahora sí, creo en un intercambio digno entre ambas partes.
No creo en el trabajo para toda la vida, sino que creo en una vida de trabajo.
Creo en un trabajo que dignifique a la persona, pero también en una persona que dignifique a su trabajo.
Creo en la competencia tomando un camino lejos de la incompetencia
No creo en la mezquindad del que se quiere rodear de mediocres porque teme ser superado. Creo en la verdad de tener a los mejores, de admirarlos, de valorar en lo que te superan porque ahí estará tu crecimiento.
Creo que soy uno de esos.”

No fue contratado. Don Arturo dijo a sus colaboradores que no encajaba en el perfil, pero tanto él, como tu y yo sabemos lo que realmente pasó, …. Don Arturo temió a lo que suponía quería, Don Arturo temió a que se le escapara entre los dedos, Don Arturo temió a lo desconocido: a la capacidad y el talento.

domingo 22 de noviembre de 2009

No hay nubes en ...



Viendo las noticias en el telediario, concretamente la sección de El tiempo, oí una voz a mi lado que decía “¡Qué morro!. Ahí nunca hay nubes!”. Se levantó una niña de seis años de un salto del sofá, se acercó rauda hacia la tele y señaló….!Portugal!

En un momento percibí que nunca me había parado a pensarlo, algo tan obvio delante de mí que yo no observaba y que otra forma de mirar si que vió.

Me dedico a hacer Coaching e Interim Managment, dos actividades que exigen precisamente lo que mi hija hizo conmigo. Dar visión¡ Hacer a la persona reparar en lo que hay delante de ella pero que por motivos de trayectoria, de visión adaptada, de cultura, …. no ve por sí misma.

Cada día doy visión, pero para dar visión necesito tener a alguien que me la de a mi también,


Cada día acometo retos, pero necesito retos que acometer y personas dispuestas a estar ahí,


Cada día desarrollo personas, pero me rodeo de otras personas que me puedan desarrollar a mí,


Cada día hago de mentor de alguien, pero necesito tanto de su respeto para poder hacerlo como de otras personas de las que aprender,

¿Sabes lo que más me sorprende? Que esas personas que me dan todo eso en ocasiones son grandes profesionales de esta tarea, pero con mayor frecuencia lo son mi gran amigo el cerrajero, aquellos con quien comparto una partida de dominó, mis hijos, los recuerdos de mi abuela, un buen libro, los alumnos de un curso donde yo soy el formador, mis sobrinos, la tendera de la tienda del barrio, mi padre….

Estamos rodeados de saber, de potencia, de opciones, de retos, de gente que aporta, de ocasiones, de vivencias,….estar preparado para aprovecharlas y después hacerlo es algo tan sencillo como darse cuenta que a Portugal nunca le ponen nubes ni sol cuando dan el tiempo en el telediario….

domingo 8 de noviembre de 2009

Mr No


Un día más Ricardo caminaba a la oficina pensando en lo que haría al terminar el día. Pero por fin ese día sería distinto.

Antes no era así. Solía desear que llegara el lunes para poder llevar todas sus ideas consigo y exponerlas a su jefe. Intentaba vivir el trabajo como parte de sí, era algo que le permitía aportar no solo para su empresa, sino también a la sociedad.

Pero Mr No, como llamaban a su jefe, lo había marchitado a base de “eso es imposible”.

En sus comienzos entró junto con un grupo de profesionales altamente cualificados a los que admiraba y de los que aprendía constantemente. Quedaban incluso para comentar proyectos fuera del horario laboral, porque formaban parte de su vida.

Ninguno de ellos continuaba ya en la empresa. Uno a uno habían preferido no estrellarse frente a ese “muro” que suponía la negación constante a la novedad, a la toma de riesgos, a la creatividad. Alguno incluso se fue sin paro y sin otro trabajo “en el que refugiarse”.

Recordaba cuando Gloria, días antes de abandonar la compañía le comentó. “Como dijo Seneca, -No es que hagamos las cosas porque sean difíciles, más bien las hacemos difíciles porque no nos atrevemos- Yo, Ricardo, me atrevo, buscaré mi camino. Nuestro jefe no se atreve, y así ya ha marcado el suyo: destino al fracaso.”

Resonaban en su mente las palabras de Einstein que había leído en el dominical el día anterior: “como no sabía que era imposible, entonces lo hice”.

Algo había cambiado. Decidió seguir su camino por encima de temores, de miedos, de relegarse a sí mismo. Las palabras de Antonio le habían hecho replantearse muchas cosas: “todos los mediocres tenemos una filosofía o una excusa que lo justifique todo”. Y que razón tenía.

Su jefe se sentía orgulloso de que la plantilla se hubiese reducido en un 25% sin costes añadidos, sin gastos de despido, porque era uno de sus objetivos estratégicos. Pero este jefe parecía no ver que la facturación caía en picado, los clientes se marchaban y los nuevos productos no aparecían. No se daba cuenta de que el talento, ese intangible que hace que una empresa se diferencie, se le estaba agotando.

Ricardo cerró detrás de sí la puerta de la oficina de su “Manager” (así lo llamaban en esta gran empresa). No tenía empleo pero andaba con la cabeza alta. Tenía claro lo que quería, para lo que era bueno, lo que pretendía hacer en su vida y que legado dejar. No más temores y sí acciones. No más miedos y sí vivencias. Como decía Elisabeth Kubler-Ross, “los miedos no evitan la muerte, pero frenan la vida”.
Ricardo salió a la calle, miró a su alrededor, olió el otoño, sintió el aire en su cara, sonrió y caminó con paso firme hacia… su futuro.

domingo 1 de noviembre de 2009

He visto



He visto estropear muchas carreras y algunas felicidades por el mero hecho de promocionar a quien no lo valía.


He visto entristecer y, por tanto, acortar la productividad de muchas personas con talento por el mero de impedirles esa promoción. En muchas compañías solo se puede conseguir cierto ascenso con una titulación específica, independientemente de resultados, trayectoria y valía.


He visto tener que ascender a alguien obligatoriamente porque era la única forma de poder aumentarle el sueldo merecido, pero que un inflexible sistema retributivo impedía ajustar de otra forma. Esa persona promocionada ya no pudo seguir tomando café, entre otras cosas, con el resto de compañeros con los que había estado trabajando durante tanto tiempo. Esa persona promocionada estaba “realmente agradecida” por el coste vital que le supuso el aumento de 150 € mensuales conseguidos.


He visto fracasar como líderes a muchos mandos. No entendieron la diferencia entre líder y jefe, entre amistad y profesionalidad, entre desarrollar y simplemente ejecutar, entre dar visión y dirigir con máximo seguimiento de lo establecido. No entendieron que son como un padre en el sentido de que no es un amigo pero sí de confianza, que deben ser un ejemplo al que respetar y seguir, reflejo de normas y persistencia a la vez que ejemplo de cuando saltarlas por creatividad o adaptación.


He visto a personas fracasar porque creían en la necesaria soledad del líder. Es cierto que al igual que las águilas vuelan solos, pero no lo están, no lo deben estar, deben ir delante, pero delante de quienes los sigan. Si un líder mira atrás y está solo, realmente no lidera, simplemente está dando un paseo.


He visto trabajadores de una plantilla al completo bajarse el sueldo un 25% porque conocían la necesidad de la empresa, porque se sentían identificados con el proyecto, porque seguían a su líder, que les pidió que lo hicieran.


He visto trabajar sin remuneración alguna, porque un proyecto, un trabajo que llena, una ilusión diaria, un amor por uno mismo, la congruencia con su trayectoria, han hecho eso posible.

He visto a personas decir que “todos los trabajadores son iguales” y a otros decir que “todos los jefes son iguales”. Realmente quienes son iguales son ellos entre sí, personas llenas de prejuicios que no entienden que la diferencia o la valía no la da el puesto.


Y he visto salir de cualquier atolladero, encontrar una salida, aportar una nueva idea o abrir un nuevo proyecto a quienes han confiado en sí mismos, a los que el “eso es imposible” lo dejaron para los demás, a los que “ve a lo seguro” no les intimidó, a los que creer en el bien y el desarrollo fuera de su propio yo les lleva a trascender sus propios límites.


Y tú, ¿Qué has visto?

miércoles 28 de octubre de 2009

Frases de un "lider" cutre


Muchas son las empresas y, por tanto, las personas con las que trabajo cada día. Te dejo algunas de las frases que me impactaron y que, por desgracia, escucho con cierta frecuencia. ¿Y tu?

1. “No te pago para pensar”. Esta frase tiene aún más sentido hiriente cuando al leer los valores de la compañía encontramos entre ellos el de iniciativa y pro-actividad.
2. “Es que nosotros trabajamos con una empresa de Madrid”. ¡Magnífico criterio el geográfico! ¿Qué nos quiere decir? ¿Qué en la capital se encuentra, por ciencia infusa, todo lo mejor? ¿Qué yo sí sé donde buscar?.
3. “No quiero que se me escape nada entre los dedos”. Decía este directivo, con el puño cerrado, demostrando la confianza en su gente y en su equipo.
4. “Nosotros no formamos a la gente. Que vengan enseñaditos desde casa”. John Maxwell decía que “si hay algo peor que formar a alguien y que se te valla, es no formarlo y que se quede”.
5. “A quien Dios quiere castigar, le da trabajadores”. Imagina mi cara cuando lo escuché.
6. “Como las cosas nos van bien, aún con palicos y cañicas, no vamos a cambiar”. Para este director de RRHH la frase de “renovarse o morir” era una complicación próxima a la blasfemia.
7. “No tengo tiempo”, decía este director general que no se movía de detrás de su ordenador desde hacía días. Esta persona olvidó que el tiempo es para todos igual. De hecho no gestionamos el tiempo. Eso no es posible!. Gestionamos la ocupación del tiempo.
8. “Es que estoy muy liado”. Ejemplo de organización. Me recuerda la frase que dice “quien no planifica su trabajo, planifica su fracaso”.
9. “Yo soy un apaga fuegos”, decía este gerente con orgullo. Siempre he considerado que quien trabaja apagando fuegos es porque, probablemente, sea un incendiario.
10. “No quiero problemas, quiero soluciones”. Esta frase, tan alabada, solo la he oído en empresas donde o bien no gestionan adecuadamente los procesos de selección o bien fallan en la formación o en la motivación o, incluso, en la política de despidos.

Una sonrisa me acompaña cuando escucho esto en ciertas personas, …. Otro gesto bien distinto veo en quienes sufren como “líderes” a estas personas.